Te pintaron los años, tal vez la experiencia,
de llorar angustias tus ojos de princesa.
Tu pálida piel, reflejos de lunas,
bañando noches eternas de amargura.
Callaron tus labios, y se durmió tu sonrisa,
despertó tu mirado gritando melancolía.
Y así se vistió lentamente tu alma,
acurrucándose en los pliegues fríos
de la desesperanza.
Marchaste sin prisa por infinitos caminos,
perdiéndote en el llanto del silencio.
Y cuando creíste no encontrar la salida,
amaneció el sol nuevamente en tus pupilas.
Tus labios sonrieron a un nuevo día,
y el sol besó la luna en tu mejilla.
La noche se esfumó en ese beso,
llevándose tu rostro de tristeza
a otros cielos.
Y ahora eres la estrella de tu cielo,
tu propia luz la que ilumina tu camino.
Podrá nublarse el cielo nuevamente,
pero está en ti que quites el sol
de tu universo.
Alejandra González Reyes Laurence.
13_05_2013.

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