Erase una vez en un pueblito lejano había nacido una niñita y aquí comienza su historia.
Desde el día en que nació había heredado de su madre un hermoso "collar de perlas". Y cada año, en el día de su cumpleaños al collar se le sumaba una perla más.
La niña, ahora mujer, cierto día amaneció triste y empezó a sentirse cada vez más sola... Algo faltaba en su vida... Y cada vez el collar pesaba más. Cuanto más pesaba, menos valor creía que tenía.
Entonces decidió guardarlo en una cajita a la que bautizó "su cajita de recuerdos".
"Sería por eso que casi nadie reparaba en su existencia", pensó y poco a poco fue resignándose a aceptar su destino.
Pero un día alguien apareció coincidiendo en su camino. Ella volvió a renacer y éste se enamoró de su belleza interior. Fue entonces cuando se dio cuenta que había llegado el momento de lucir al mundo nuevamente su collar. Pero cuando abrió su "cajita de recuerdos", la encontró vacía...
...(Y las rosas del camino comenzaron a marchitarse y solo fueron quedando las espinas) Se sintió morir,
sufrió y lloró mucho. Volvió a sentirse desnuda, pero esta vez no solo habían robado su collar, también habían robado su alma y destrozado su corazón. Volvió a vestirse de resignación, pero su voz interior le decía que se quitara ese disfraz. Así lo hizo y comenzó lentamente a brillar.
"Y como siempre se atrae lo que pensamos", ella pensó, comenzó a soñar, soñó, se despertó, luchó contra las manos de la envidia, la traición, etc, que habían arrebatado su collar, y al perseverar tanto su sueño se había convertido en realidad.
Volvió a confiar, primero en ella y sintió que poco a poco el collar estaba en sus manos, que ya no pesaba tanto, que podría llevarlo siempre, sin importarle que para otros no tuviera valor alguno. Pues para ella si valía y mucho.
Volvió a enamorarse y formar su propia familia.
Cuando el collar volvió a lucirse sobre su elegante cuello de "cisne", dejó de sentirse definitivamente el "patito feo" de su historia. Era feliz. Decididamente bautizó su collar como "los abrazos de mi hija". Y no permitió jamás que desvalorizaran al hermoso collar de su vida.
Ella casi había perdido al hermoso collar que su madre le había regalado al nacer. (su vida).
Su hija ahora había cambiado su destino, su vida, su historia. Porque en cada abrazo que su hija le obsequiaba con tanto amor, sentía ser la mujer con la mayor riqueza del mundo.
Alejandra González Reyes Laurence.
Imagen tomada de la red.

No hay comentarios:
Publicar un comentario