Cobró vida
en la expresión de su alma,
se cobijó en las lineas del silencio
de sus labios dormidos.
Se "desdibujó" en las manos
al rozarla en sus caricias.
Se alzó infinita
al cruzar el semblante sombrío,
murió lentamente en el umbral
de su nombre marchito
que había escrito en el olvido.
Se elevó en recuerdos
y convertida en estrella
brilló en el cielo.
Y desde allí, cada vez que en la tierra
late triste un corazón,
la lágrima llorada
regala una estrella
para que ilumine el rostro
de la tristeza personificada
y se encienda una sonrisa eterna.
Es por eso que los ojos
de "algunos poetas" no lloran,
porque escriben con las lágrimas
las letras que derraman
por sus musas inspiradoras y bellas.
Alejandra González Reyes Laurence.
Imagen tomada de la red.

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