viernes, 14 de diciembre de 2012

Empezaba a caer la tarde
y con ella llegaban
las últimas horas de otro día
que se iba...
Pero el amor
de un alma solitaria
siempre esperaba...
Sabía que vendría
otro mañana, y con él
quizás la promesa de
nuevos sueños,
nuevas esperanzas...
De pronto, como de la nada,
sintió la presencia física
de su amada,
y el alma de aquel hombre
ya no estaba solitaria.
Casi desmayó,
cuando la voz le susurró:
¿Me esperabas?
Y el corazón del soñador
se emocionó,
y entre lágrimas de júbilo
le recitó:
¡Toda la vida!

Alejandra González Reyes Laurence.
Imagen tomada de la red.

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