Había llegado septiembre
brindándonos como siempre
el aroma de los árboles,
de sus frutos, de su flor,
y lentamente de verde
fue pintando praderas.
Los campos desperezaron
(bajo los rayos del sol)
dorado trigal,
girasoles amarillentos,
anaranjado maizal.
Y entre el trinar de gorriones,
golondrinas viajeras,
mariposas multicolores,
abejas traviesas,
grillos cantores,
se fue ambientando la fiesta.
Bajo el manto infinito y azul,
la brisa tenue y tibia,
el tiempo transcurría.
Se fue perdiendo la tarde,
algunas estrellas titilaron brillantes,
la noche fue cerrando sus ojos
y sus labios enmudecieron dormidos.
Y entre la multitud del cielo,
apareciendo por la nebulosa
con su vestido impecable
deslumbró la luna hermosa,
y entre paréntesis exclamó decidida:
(¡Señor invierno llegó el momento
de la despedida!)
Acarició con sus manos frías
el semblante sombrío de éste
y se marchó silenciosa
cuando la aurora se hizo presente.
Llegó un nuevo día,
amaneció plácidamente.
El sol despertó enamorado
de la bella primavera
que prometió regalarnos
ilusiones, sueños y esperanzas eternas.
Alejandra González Reyes Laurence.
Imagen tomada de la red.

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