Llovía en la ciudad
los cristales de mi ventana
parecían llorar sin piedad.
La casa estaba vacía,
desnuda de tu presencia,
no obstante vestida
de tus recuerdos
que colgados de las paredes
como suspendido en el tiempo
reposaban impecables,
cual retrato del pasado
cada una de tus memorias.
Los instantes de nuestra historia
fueron quedando plasmados
escrito en el libro de la nostalgia
y sentimientos anhelados.
En la habitación solitaria,
acompañada en soledad
mi imaginación me invitaba
nuevamente a soñar...
"El silencio era el escenario
en esta obra poética".
"Tú mi Romeo amado
me mirabas y en tus ojos
yo leía poesías"
¡Me enamorabas!
"Yo tu Julieta amada
recitaba poemas
cuando al besarte en tus labios
mi boca susurraba"
¡En ellos te embriagabas!
Y así al terminar el día
la lluvia aún caía
como cortina infinita
cayendo desde mis ojos
me sorprendió confundida,
sentí mi semblante mojado
y mis labios empapados...
Afuera... en la lejanía,
la ciudad estaba dormida,
junto a la noche y a las estrellas
que habían cobrado vida
en el cielo oscuro y frío...
Entonces desperté
en mitad de mi pensamiento
y mis ojos tristes
extrañaban "tu poesía"...
Sentí de pronto
que alguien llamaba a la puerta.
Fui corriendo
al encuentro del llamado,
te vi y me refugié
en tus brazos soñados.
"Mi amado Romeo,
habías regresado al hogar
y en mi corazón,
viviría hasta la eternidad".
¡Qué felicidad!
Y los rayos del sol
volvieron a entrar
en mi ventana y en mi alma...
Alejandra González Reyes Laurence.
Imagen tomada de la red.

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