Tras las ramas de un viejo fresno se ocultaba la plateada luna.
Majestuosa de la noche, reina del cielo, amiga de las estrellas.
Y a lo lejos algún grillo rompía el silencio sereno del invierno.
Eran casi las dos de la madrugada, de un sábado de junio,
tomé la taza de café, y me acomodé esperanzada en el sillón.
El programa de tv, prometía un cine acogedor, y yo, aún
esperaba que regresaras... pero las horas pasaban.
Ni el teléfono sonaba, ni a la puerta llamabas...
Una hora más tarde me sorprendió encontrarte en mis sueños.
La luna aún estaba suspendida en el firmamento,
la noche cada vez más fría, y salpicada de miles de estrellas,
y los grillos ya no se escuchaban...
y ahí estábamos, los dos, viajando por el tiempo.
Teníamos un hogar, habíamos formado una familia, proyectos en común...
Me despertó de pronto el golpe seco en la puerta.
Al abrirla, ahí estabas sonriente, me abrazaste con fuerzas y en ese abrazo se fue mi alma contigo.
Y volví a mi realidad, solo el viento había azotado mi portal...
Y mis fuerzas se debilitaron cuando una vez más recordé que ya había pasado un año más de tu triste adiós.
Y volví a dormirme, quedando con la sensación de que habías vuelto aunque sea a quedarte un instante más conmigo.
Alejandra González Reyes Laurence.

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