Me tomé de las manos con el tiempo.
Silencioso aveces a mi lado transitaba.
Lenta en ocasiones las horas giraban.
Deprisa sin embargo los minutos volaban.
Cuando eterna la noche no moría,
la soledad despierta me peinaba recuerdos,
en mi cabellera enredada de nostalgia.
¡Ay mis pobres pensamientos!
¡Y yo soñaba! Despierta y sin mirar.
Pero te veía llegar corriendo a mis brazos.
Infinitamente ese tiempo en mis instantes
se perdía en lo posible e irreal.
De testigo la luna me observaba,
y la noche oscura me abrazaba,
apenas el silencio me cubría,
ese tiempo en mis instantes que lloraba.
Cada lágrima ahora se escurría,
entre mis labios curvados de tristeza.
Y mis ojos hinchados por el llanto
esperaban suavizarse sobre tu boca bella.
Alejandra González Reyes Laurence.
Imagen tomada de la red.

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